jueves, 21 de febrero de 2013

Noche de Dioses


Implore en esa noche a Achelóo, dios de la virilidad masculina de los antiguos Iberos. Por los cristales podía ver la claridad de la noche nevada. Tú llegaste a mí, como traída por la Diosa Arianrhod, diosa Celta de la noche, encantadora y hechizadora de amantes bajo la luz de la luna.

 


 
Tus palabras sonaron hasta el más profundo de los rincones interiores de mi cuerpo. Tu coquetería de quinceañera me sedujo en algo envuelto entre deseo y temeridad. Cazaste mi deseo, con tu flecha de entrega, como lanzada por manos expertas que sabían donde clavar, para dar amarga  dulce muerte.

Deje de un lado los miedos, para dedicarme a tus deseos, y tocado por el Dios Tyr, tome el valor suficiente para en esa noche cumplir tus deseos.

Tus labios estaban hambrientos y necesitados, deseosos de deseos incumplidos. Tu cabello cayó sobre mi vientre, tus manos sobre mi cuerpo. Mis apetitos crecían por segundos, tu caricias calmaban mis codicias, me encendías cuan volcán que yo intentaba sofocar, para no erupcionar súbitamente.
Fueron tus caricias mil, tus besos millones, tus deseos crecían y mi cuerpo se dejaba hacer por tu capricho. La noche trajo una entrega que por ser distinta, me lleno de múltiples éxtasis en uno mismo. Rozamos nuestros cuerpos desnudos sin más testigo que los lentos copos de nieve que caían tras el cristal en la fria noche.

Clavaste en mí tu flecha de deseo, me distes a mí, tu dulce miel a probar. Me hipnotizaste, cuan hechicera experta y yo me deje hacer, para de tu cuerpo la esencia tomar. Tu espalda contra mi pecho, mis labios sobre tu cuello, mis manos acariciando tu cuerpo… Cuan magnifica entrega, de deseos llena. Cuan deseo saciado en la noche plena.

Dejo atrás lo que los Árabes llamaron, el negro río de Lobos, para vivir la alegría de mi vida, siendo ahora Laureado, del Latín “Laurus”, como los antiguos Griegos dirían.
 

miércoles, 20 de febrero de 2013


Estaba comenzando a amanecer aquel día. Entre nubes grises y grandes claros en el cielo. Mis ojos vieron donde poder hacer una foto para el recuerdo y pare mi camino, para poder sacar esa instantánea. Entre las torres de las dos carpas, había una estructura metálica donde colgaba el nombre del circo, el sol estaba tras el cartel en el horizonte y busque el encuadre para poder sacar ese memento.


Andaba mirando como hacerla, casi hablaba a solas y sin darme cuenta, apareciste de la nada, con tu cara pintada de payasa, con una exquisita voz que me dijo – ciao, Ciao, buongiorno, come stai? Y casi nervioso y casi sin saber responder, en un Italo-Español, conteste que bien, que andaba haciendo una foto y que perdonara por colarme sin permiso, que me marchaba rápido.

Ella me dijo que no pasaba nada, que podía estar allí cuanto tiempo necesitase y que si quería me podría enseñar algo más del circo.


Su rostro pintado me confundía en esa mañana, paseamos por el circo, hicimos fotos, hablamos y medio nos entendíamos, y después me pidió que la acompañara a desmaquillarse, y que tomáramos un café.

Mire absorto como se quitaba el maquillaje, como metódicamente, su cara quedaba al descubierto, sin pinturas y como sus ojos aun después de desmaquillarse seguían teniendo esa profundidad que me cautivaron, una mezcla de tristeza, emoción, y brillo de vivacidad.

Tomamos ese café, hablamos, bromeamos y después quise despedirme para no incordiar más en la vida de tan amable persona. Pero el destino me tenía guardada otra sorpresa mayor en aquel día. Ella me dijo que donde iría, que era su día libre y que necesitaba salir del circo y desconectar por unas horas. Casi no supe contestar, pero ella se adelanto diciéndome que si comíamos algo junto al lago, que tenía ganas de visitarlo y de pasear. Así lo hicimos, después de tomar juntos un tranvía, dimos la vuelta por la ciudad de Zurich, recorrimos en aquella mañana todos los lugares montados de tram en tram, hasta llegar a las orillas del lago, donde bajamos para comer un hot-dog y una cerveza, que envueltas en un papel, y lata en mano llevamos a la orilla del lago, por donde caminamos por varias horas, disfrutando del sol que acababa de salir tras las nubes y que nos acompañó el resto de la jornada.

Caminamos por QuaiBrucke, paseamos por UtoQuai, a orillas del lago y poco a poco nos conocimos, casi sin quererlo. Hablamos por horas, paseamos, nos reímos, nos contamos penas y alegrías y disfrutamos de una tarde maravillosa.

 

Cuando el sol caía por el mirador de  Uetliberg, nos miramos como niños de 15 años y en sus ojos pude ver un rayo de felicidad, parecían haber cambiado de la mañana a la tarde.

Ella me pidió que la acompañase a cenar, a lo que no pude negarme, de todas maneras el día siguiente no tenia que trabajar y daría igual dormir unas horas menos. Y  que le diera unos minutos para cambiarse de ropas. Regresamos al recinto del circo, sin dejar de hablar, sin dejar de reír y sobre todo, sin dejar que nadie entrase en aquel círculo dorado que habíamos creado en solo 10 horas juntos.

 

Espere mas de 45 minutos junto al coche, hasta que ella apareció con un pantalón baquero, una camisa blanca que dejaba entrever su ropa interior, y una rebeca de color crema preciosa. Estaba magnifica, su cara casi sin maquillaje, sus manos delicadas y sus pendientes mezcla de coquetería árabe, mezclados con colores diversos. Quizás en ese momento, debería de haber hecho otra cosa, pero solo se me ocurrió, apagar el cigarro que había entre mis dedos,  dejándolo caer al suelo, pisándolo con la puntera de mis zapatillas y abrirle la puerta, absorto por su belleza, a lo cual ella me sonrió y yo le dije lo hermosa que estaba. Quizás fuera el destino, quizás la providencia, o quizás estuviese premeditado, porque se acerco a nosotros un hombrecillo de poco mas de 1,20 mt. y le entrego una rosa amarilla, diciéndole con su minúscula voz varias cosas en francés que casi no pude entender por el susurro de sus voces. Después corrió rápido delante del coche, alzando su mano como queriendo inmovilizar mis movimientos y se acerco a mi ventanilla.

Me miro fijo a los ojos, pude observar en su rostro una mirada de paternidad, de protección, de desafió, y me dijo en Italiano -questa donna è la migliore rosa nel mio giardino. Cercare di non portarla in rovina.- cosa que casi comprendí por instinto, mas que por conocimiento del idioma.
 

Fuimos a mi apartamento, ella decidió esperar paseando por los alrededores, por entre los árboles, por aquel sendero de que durante el día yo le había hablado. Me duche a la carrera, me puse mi mejor camisa, mi pantalón de pinzas y perfume levemente mi cuello. Baje apresurado y en el cristal del coche había una nota, “recógeme en el sendero, donde los árboles que me contaste ocultan el banco de tus llantos”. Me encamine hacia el lugar, donde desde lejos observe su rostro de perfil, ella se giro y me sonrió y con sus dedos seco una lagrima de sus mejillas. Me senté, y al mismo tiempo ella se puso de pié, y me invito a irnos, pero sujete su mano y ella me miro, como por arte de magia y sin mediar palabra se sentó y me dijo en voz suave, “ahora vamos a cenar”, nos pusimos de pie los dos y caminamos hasta el coche, sin mediar palabra.

Quise entablar conversación mientras conducía, pero ella me sello mis labios con sus dedos y moviendo su cabeza. No hubo más palabras hasta llegar al parking del restaurante donde ella había programado el GPS.

 

La cena fue magnifica, una ensalada magnifica, unos espaguetis con salsa boloñesa, un vino Italiano y para colmo, a la llegada del postre, un helado de tiramisu, nos llego un violinista tocando. La luz de las velas de la mesa, la presencia de solo 4 comensales mas en el recinto, la camarera tan atenta, y su miraqda fija en mí, me hicieron creer que vivía un cuento, mas que una cena.

Pedí la cuenta, pero la camarera me entrego una nota donde ponía que los señores de la mesa estaban invitados por la casa. La mire y ella me sonrió diciéndome en italiano -signori, buonasera- nos marchamos dejando una buena propina y dandole las gracias.

 

Ella me pidió regresar al mismo lugar donde estaba sentada, al banco de la orilla del rió, y sin dudarlo puse rumbo a aquel lugar. Aparque el coche y ella me tomo ventaja mientras yo cerraba el auto. La seguí unos pasos atrás, casi sin querré alcanzarla y pensando en como acabaría la noche. La luna es testigo de cuanto digo.

Una vez sentados en el banco, ella me pidió que callara, que cerrara los ojos y que me relajara. No sabia que pasaría, la mire y me asintió con la cabeza. Me hablo en Italiano palabras que aun hoy resuenan en mi mente. Después me pidió que no abriera los ojos y que por favor, no dijese nada. Y asentí con la cabeza.

Su voz entono una hermosa melodía, una canción que he hecho el himno de mi vida, una canción que canto cada vez que me siento triste, cada vez que desfallezco y cada vez que me encuentro feliz.

La luna vuelve a ser testigo, de como mi bello se erizo, de como me estremecí y de como pensé en besarla, pero no quería interrumpir tan hermosa melodía, mas por terminar de escucharla que por no romper la promesa.

Después de terminar me quede con los ojos cerrados por mas de un minuto, hasta que sentí sus labios rozando los míos.

La noche nos embrujo, la luna casi llena nos cautivo, y nuestras ganas de terminar de vivir lo comenzado, nos hizo dejar sueltas nuestras riendas.

Más de una hora paso, entre sus palabras dulces en Italiano, entre besos caricias y cuerpos desnudos y después nos retiramos no sin antes anotar ella en el GPS, la dirección donde tenía mi destino.

Llegamos, ella hablo con una señorita muy agradable, casi pille la conversación, después le entrego unas llaves y nos dirigimos a la 5 planta. Besos a mil miradas de complicidad, pero ni media palabra por parte de ninguno de los dos mientras el ascensor nos elevaba al 5 cielo.
 

Cama grande y esponjosa, miradas sin luz, salvo la que entraba por el ventanal, champaña dentro y fuera de las copas, piel con piel, labios contra labios, caricias, susurros y mas de un bocado en las orejas. Éxtasis total y el reloj seguía caminando hacia el amanecer. Cada hora nos avisaba de que nos quedaba menos tiempo, cada vez que avisaba, nos poníamos más tiernos, hasta llegar a caer exhaustos.
 

Aun recuerdo su cuerpo al trasluz de la luna, junto a la cristalera mirando al lago. Desnuda, solo una copa de champan en una mano y un cigarro en la otra. La mire por más de cinco minutos sin intermediar palabra y después me quede dormido.

Las claras del nuevo día me desvelaron sobre una cama vacía. La ducha estaba derrochando agua a doquier y una cancioncilla sonaba en el tarareo de una exquisita voz.

Nos duchamos juntos, nos besamos y después desayunamos. Me pidió que la llevara a donde la conocí y sin dudarlo la lleve. Antes de bajar del coche, me entrego un sobre y me pidió que lo leyera en casa. Me beso en los labios y me dijo que hasta la noche.

En la soledad del banco donde la noche anterior había vivido mi más magnifica experiencia hasta ese día ley lo que el sobre contenía.

El día paso como por arte de magia y en la noche, asistí donde tenía que asistir. Primera fila, Gran espectáculo, exquisita noche y el hombrecillo de poco más de 1,20 mt. se me acerco al terminar la actuación, donde me dio las gracias por devolver mas hermosa la rosa y me entrego un sobre. Nunca mas la he vuelto a ver. Nunca mas hemos interferido ninguno en la vida del otro, aunque cada comienzo de mes, el teléfono suena.
Escuchadla por favor.
 
http://www.youtube.com/watch?v=yHFzO32_at4

viernes, 15 de febrero de 2013


Aquella mañana, era yo más joven de cuerpo, que no de deseos, alma y espíritu.

Aquella mañana él tendría la edad que yo tengo ahora, yo era niño, él adulto.

Aquella mañana aprendí a darle importancia a hacer algo con tus manos, con los pensamientos en los demás, con tus deseos de dar, con tus esperanzas de ver caras de felicidad.

Aquella mañana, tan solo aprendí a cocinar algo para los demás.

Aquella mañana aprendí que cuando dedicas tu tiempo a personas que aprecian los actos que realizas, los esfuerzos, las gotas de sudor, los malos momentos vividos, el dolor y todo cuanto venga, no tiene importancia.

 

Aquel día, llovía sobre la calle de mi pueblo, pero él no ceso ni un momento, salio al huerto, se mojó, entro a la cocina, continuó con su ajetreo, se movía como si su cuerpo fuese al compás de una coreografía ya ensayada por cientos de veces, por días y días. Aquel día el me enseño a dar.

 

Era yo pequeño y me limitaba a pelar patatas, a mirarlo con cara de bobo. Lloro hoy al recordar aquel día, él me estaba enseñando una de las muchas lecciones que en la vida me enseñó casi sin quererlo hacer. Aquel día llore por la cebolla, hoy lloro al recordarlo.

 

Entro ella a la cocina, me miró y sin palabras me lo dijo todo. Yo me sonreí y continué pelando las cebollas. Se burló de él, diciéndole creo que necesita un poco mas de sal “eso que estas haciendo”, y sin probar nada me miró y volvió a salir por la puerta de la cocina. Solo había entrado a ver sus quesos frescos que aun estaban envueltos en el esterillo y sobre la tabla escurriendo suero.

 

Él me dijo con su voz que nunca podré olvidar –Seba trae de la despensa una garrafa de aceite-, aquel aceite que comíamos con tanto orgullo, pues era fruto de nuestros Olivos y recogido con las manos de todos, con nuestras manos. Añadió aceite, y después mirándome con su cara de Hombre-Niño, me dijo con un gesto de mímica, ahora nos toca fregar todo lo que ensuciamos, que después vendrá Doña y nos regañará, y juntos fregamos todo, el fregaba y yo secaba.

 

Después de aquello, llamamos a los hermanos, los despertamos, les hicimos el desayuno y los dejamos frente a la chimenea que ardía desde tempranas horas quemando esas raíces de olivo que días antes habíamos cortado a base de cuñas, maza y sudor. Él me guiño, yo le seguí y regresamos a la cocina, donde dimos vuelta a la comida, dimos un giro a los quesos frescos, entramos a la despensa, pesamos con la vieja romana las patatas, las cebollas, sacamos del gran arcón de madera tocino de la matanza, lo repartimos en bolsas iguales, esta vez pesado con el pequeño peso amarillo que no iba mas allá de 10 Kg. Todas las bolsas fueron iguales, pero después a cada una hecho algo más de cualquier cosa, salvo la de Mari Carmen y Manolo, aquella siempre llevaba mas de tocino, mas de patatas, mas de carne de ciervo. La de Antonia, siempre tenia que echar un poco más de cosas distintas, porque a Pepe le encantaba. La de Pepín y Simona tenía mas cosas y mas cariño, La de Andrés era siempre la más repleta. Siempre me pregunte porque pesábamos todo si después a cada uno le daba mas cosas, le echaba mas detalles, le ponía mas cariño.

 

Dieron las 11 y toda mi familia de Sevilla llegaron en sus coches, Aun recuerdo el R-8 del tito Andrés, el Renault rojo de tío Pepe, el Citroen Diane azul del tío Manolo.  Bajaron todos, Primos, tíos, primas y la gran fiesta comenzó.

 

Él me enseño lo que significa Familia. Aquel día disfrutamos, jugamos, salio el sol, todos estábamos contentos, había unidad familiar. Aquel día mi prima Rocío se cayó al suelo y se araño sus rodillas, cojimos Jazmines, cortamos rosas, reímos, comimos, y recuerdo que el Tío Andrés, se tomo el solo casi una caja de Cervezas, jajajajjaja aun lo recuerdo, “sobrino tráeme la de tu padre que no se la tomará”, Fuimos al bar Calabria, jugaron los hombres al dominó, las mujeres quedaron en casa hablando de la familia, de las comidas, de los niños.

Corríamos los niños por el gran patio, jugábamos al pillar, a saltar, a la tanga, a la lima, a todo lo que podíamos jugar.

Aquella tarde llegó una furgoneta de matricula extranjera, cargada de personas, una wolsvagen alemana que había recorrido muchos kilómetros para traernos a más primos, a mas familia a mis Tíos José y Enriqueta, mis padrinos.

La noche cayó sobre nosotros, aun reíamos, jugábamos Keti, Andrea, Joselin… estaban todos, todos.

Haciendo cálculos, en aquella casa aquel día dormimos mucha gente. Más de 14 adultos, más de 30 niños, jajajjaajja recuerdo los colchones tirados por el suelo en aquel salón grande y como revueltos dormimos hasta el amanecer. Recuerdo también como le conté a Maria Luisa y a Maria José la historia de la cabeza de jabalí que teníamos colgada en casa.

 

Ese día El me enseño muchas lecciones. La importancia de la comida que con cariño había hecho para todos, la importancia de dar sin pedir, la importancia de la Familia.

 

Os quiero a todos y a cada uno, aunque la vida no me haya dejado decíroslo como quería. Os quiero.

 

Séquense las lagrimas de mis ojos ahora, no por culpa de la cebolla, sino por el recuerdo de aquellos momentos a los que hoy doy tanta importancia.

 

viernes, 4 de enero de 2013


Duele la distancia…

Duele los 2.500 Km. que cada día me separan  de ti. Duelen, porque cuando se quiere duele la distancia.

Algunos días despierto con mis ojos llenos de agua salina, que resbalan hasta mis labios. Algunos días las distancias kilométricas son tan cortas, que hasta creo sentir tu respiración junto a mí. Esa distancia kilométrica que nunca pudo separarme de ti. Esos días huraños, distantes, de largas caminatas recordando tus risas, esos días de llantos silenciosos que me llenan de vida, de lucha, de desafíos hacia el destino… Esos días no duelen.

No duelen las llagas de mis pies, no duelen las largas horas de frío, no duele el dolor…

Mundo Mundano, hoy la cercanía de mi hija, duele más que esa distancia kilométrica. Hoy la distancia que nos separa, es solo un cristal, el ancho de la calle y una pared que nos separa. Duele mas esta distancia que la distancia que recorre ese avión en poco más de 2 horas.

Duele saberte hay, y no ver tu sonrisa. Querida hija mía, qué cercana estas y qué lejana te siento. El no verte, el no sentir tus dicharacherias…

Un cigarro, una cerveza, una falsa risa y nueva mirada al cristal. Pensamiento de tristeza, tan lejos tu de mi, tan cerca yo de ti.

Duelen más estos menos de 100 mt. que los más de 2.500 Km.

Querida Hija mía, y yo que culpa tengo??.

Hoy mi vida dio un giro.

Escrito por un padre maltratado, un padre que sufre violencia de genero, un padre distanciado de su hija, un padre que no desea juicios ni juzgados. Solo un padre.

 

jueves, 3 de enero de 2013


Locas vacas, que no vacas locas.

Locas vacas de ubres caídas, que se ocultan entre siliconas baratas y postizas tetas. entre carne y sostén.

 

Locas vacas que creen ser dueñas de corrales, siendo solo ciervas de sus destinos. Locas vacas, que no vacas locas, ocultas tras pelajes teñidos que ocultan canas de sus pasados.

 

Locas vacas, que creen ser dueñas de sus destinos y del  destino de sus becerritas. Siendo solo dueñas de sueños de noches de lujuria, de deseos ocultos y de pasiones no sabidas expresar. Dueñas de noches de olvido entre alcohol, excesos  y vivencias que les dan libertad temporal. Locas vacas de viejos toros que regresan de manadas más extensas. Vacas de manadas acotadas que no ven mas allá de sus cerrados. De cerrados limitados por cercas estrechas.


Como toro de afilados cuernos me mezclo entre ellas, les mujo cuan toro nuevo, sin saber que yo soy toro de estos corrales. Afilo mis cuernos sobre sus tierras, sobre las tierras amarillentas donde pacen. Sobre tierras donde el sol agrietea sus pieles por muchos maquillajes puestos.

Locas vacas que disputan la llegada de nueva sangre. Locas vacas que desean toros venidos de verdes y frondosos bosques donde en libertad pacen. Viejas y locas vacas que entre ellas mismas se cornean para lograr las sobras de mi pesebre.

 

Lastima de esas vacas que con pantalones estrechos enseñan sus ocultas deficiencias, que con siliconas implantadas o semiocultas en sostenes, rellenan sus deficiencias. Locas vacas, que no vacas locas…

 

Serán vuestros terneros, carne de nuevos carniceros. Serán vuestros destinos quienes hablen de vosotras. Quedara escrito en el futuro vuestras vivencias, quedaran en el recuerdo, los momentos del pasado. Vivid en la miseria de tierras de secano, vivid en largos estíos lejanos de estas fechas.

Va dedicado a esas locas vacas de mi pueblo. Va de dicado a esas locas vacas de mi Pueblo.
 

domingo, 30 de diciembre de 2012


Esa tarde, estaba yo en la salida de tu carrera popular, era y será de por vida, el 28 de Diciembre del año en gracia 2012.

Tu madre andaba cerca, casi a mi lado, por lo que decidí irme un poco más lejos, mucho más allá.

Casi 100 metros anduve, mirando siempre hacia atrás, mirando tu salida, pero no logre verla, porque donde me puse para verte, frente a la Pizzería, andaba tu tía, y quería seguir sin molestar, así que camine mas allá, mas lejos, y mientras ya tu habías salido, habías pasado casi frente a mi y decidí esperar tu regreso en los mesones. Pero tampoco pude quedarme allí, porque andaba tu otra tía con mi perro, quien se alegro de verme, quien me ladro, llamándome, pero continué caminando. Caminaba hacia casa, caminaba hacia mi refugio, donde llorar que no podía estar contigo, verte, junto a ti, apoyándote…

… y apareciste tu, sudada, cansada, hundida, llorando y deseando abandonar la carrera. Pero estuve allí, como el día que naciste.

No abandones Andrea, te dije. Me miraste y tus lagrimas hicieron aflorar las mías. Respira por la nariz, exhala por la boca, ten calma, no pares, anda, continua, anda, camina, solo camina, pero no abandones, papá no abandono los días de frió.

Tú me miraste, tu sonrisa y tu rizada cabellera negra, me hicieron reaccionar y camine junto a ti, camine a tu lado, por la acera. Me mirabas y tu mano en el costado de dolor y falta de oxigeno, me dieron mas deseos de alentarte, seguí caminando a tu lado, tus lagrimas de dolor, de rabia, eran mis lagrimas, pero no podía abandonarte. Camine a tu lado y juntos caminamos hasta que me dijiste llorando no puedo mas.
 

Papá te contó en aquel momento su corta historia, como me dolían los pies en el túnel, como pase frió en el hielo, sin dejar de caminar a mi lado, tu en tu carrera, yo por la acera… y llegamos a la meta.






Me abrazaste y te abrasé, no deje tu rumbo sin norte, te besé, te fotografié y deje tu tarde en las manos de tus cuidadoras. Tu Madre, tus Tías y me marché.

 

Pedí una tarta donde escribí lo que eres para mí. Te compre unas nuevas zapatillas, porque quizás no has sido la primera por las zapatillas y me marche  a la casa donde hoy habitas.
 

El frío portero me devolvió la voz de tu abuela, -Quien es??- Pregunto ella. -Soy Sebastián, por favor, abre la puerta de la calle, quiero dejarle a mi hija unos regalos abajo en el portal, y cuando me marche bajas a recogerlos- conteste yo. Fueron claras sus palabras, -No te abro sinberguenza-.

Largo fue el camino hasta regresar a casa, las manos ocupadas, en una la tarta, en otra la bolsa de tus zapatillas y mis lagrimas, hasta caer al suelo rodaron por mis mejillas. Uno a uno los pasos conté, ahora si se la distancia que me separa de ti.

 

Sobre frío mármol, yacen tu tarta y tus zapatillas, hay quedaran depositadas hasta que regreses a por tu premio, lo cual deseo sea antes de que malo se ponga el merengue, mala la nata, malo se ponga el chocolate y haya de tirarla…

Fuiste la tercera, pero para mi eres la primera, La mejor, La Primera mi Amor.

 

 

 

 

 

lunes, 24 de septiembre de 2012

9 AÑOS DE AMISTAD.


Andaba yo aquella noche, entre planos, preocupaciones y dilemas matrimoniales. La obra era grande para mis posibilidades, pero era un reto a llevar a buen término. El tejado semicircular de la gran mansión me tenia un poco en vela los últimos días,  los lagos artificiales, me tenían casi sin sueño y para colmo descubrir una ciber-infidelidad de la que compartía mi cama, me tenían ya mas de una semana casi sin sueño.
 

Aquella noche, me dedique a investigar, me metí de lleno a rebuscar cada uno de los archivos del ordenador, a mirar cada una de las entradas de los últimos días, de las ultimas semanas…

Allí, apareciste tú. Comenzamos a hablar, a conocernos, aun recuerdo algunas de las preguntas, algunas de las palabras, aun recuerdo aquella noche. La luna estaba llena, el olor a jazmín impregnaba la habitación y la calle. Lo recuerdo porque salí a fumarme un cigarrillo, poco antes de que hablásemos por vez primera. Después de fumarlo, me arrime a la cama, donde ella dormía, le tapé los pies con una sabana, para que no cogiese frio, bese a mi hija de pocos meses, colgué bien el ramillete de jazmines que había hecho con parte de los que había recolectado esa tarde. Después me senté en la mesa, mire al techo y comenzó de nuevo a indagar. Allí, apareciste tú, yo no sabia bien como funcionaba aquel programa, pero comenzamos a charlar, ese día trasnochaste, por el cambio horario que hay entre ambos.

Tras aquella noche, vinieron más, y más y más. Hablamos, nos contamos, nos dijimos, aprendimos el uno del otro. Después llegó a nosotros una flecha que cupido lanzo al aire y entre los desaires de la que compartía mi casa, entre los problemas de la obra, entre mis necesidades de dar y tus necesidades de recibir, nos volvimos cómplices de unas especie de Amor, que nos llevo a inventar una locura. Mi visita a tus tierras, la cual decidí que sería lo mejor.

Después de mucho tiempo, tomé la decisión de ir. Hable con ella y le dije lo que pensaba, le conté que mientras yo trabajaba ella hacia de mi vida un imposible, puse todas las cartas sobre la mesa, mi decisión estaba tomada. Pero sus llantos, sus suplicas de que cambiaría, y nuestra hija, me hicieron cambiar de opinión. Porque no dar una segunda oportunidad, pensé. Sin saber el daño que te hacía, perdone infidelidad y te fui infiel. Te mentí en alguna ocasión, hasta que decidiste salir de mi vida. Te marchaste y me degastes sin poder dar una explicación.
 
Los años pasaron, yo emigre a tierras lejanas, buscando la felicidad de los míos, una felicidad que por desgracia me había sido arrebatada en  mi tierra por personas poderosas que hundieron mi economía, que me sumergieron en una crisis que me llevo a plantearme el suicidio. No solo a planteármelo, sino a poner una escopeta en mi boca, ante la impotencia que sentía en aquellos días. Días en los que todo se me unía. La separación de la unidad de los tres hermanos, el fallecimiento de mi padre, cada día en mi mente, recordando como lo encontré tirado entre hiervas, la caída de mi madre en el Alzheimer de pensar en su marido y en su vida, ver a mi compañera llorar por no tener un euro para poder comprar un litro de leche para dar de comer a nuestra hija, trabajar por bajos precios incluso casi para no cubrir gastos. Depreciarme de mi trabajo y marcharme a trabajar al campo, donde también triunfe profesionalmente, pero donde ganaba una miseria. No tener desempleo ni ayudas por haber sido trabajador autónomo... La unión de tantas cosas me llevaron a pedir dinero prestado para poder venir a estas tierras. Nadie me ayudo, nadie quería en aquellos momentos saber de mí, mi comunidad, mi localidad, me daba poco a poco de lado. Quise vender algunas de mis herramientas, nadie compraba. Me rebaje a los mas grandes terratenientes de mi localidad, pero todos me hablaban de la crisis, de los malos momentos y todos me daban largas. Tan solo pedía 1.000 € para poder dejar en casa algún dinero y venirme a este nuevo mundo.
Alguien, a quien debo de darle las gracias, se ofreció voluntario y me presto su ayuda, una ayuda que vino seguida de una llamada de teléfono que me comunicaba que tenía trabajo aquí, si podía estar en 48 horas en la ciudad de mis sueños, en Lucerna.
Con un macuto que solo traía dos camisas, dos pantalones, tres calzoncillos, tres pares de calcetines, un bocadillo y una Coca-Cola, me encamine a estas tierras.
He pasado muchas calamidades, he dormido en el suelo, he visto la traición, he vivido el desamor, he vivido infidelidades no ciber, sino en carne y hueso, he vivido un divorcio escondido dándome por paradero desconocido, citaciones al juzgado que eran devueltas por no saber mi paradero. He vivido robos, he vivido traiciones por parte de Españoles a los que les di todo, incluso los puse a trabajar, he llorado horas y horas en la soledad de mi habitación, he pasado por mas de dos meses sin hablar con mi hija, he tenido que huir de mi pueblo al ir a ver a mi hija, me han querido pegar delante de ella, me han perseguido desde la distancia cercana para ser observado, no me han dejado estar a solas con mi hija mas de 30 minutos, con mensajes a su móvil y controles por parte de todas esas personas que desean mi mal, he sido acusado de violación reiterada, he sido acusado de maltratador y mas, y mas que podría contar.
No todo ha sido malo en estas fechas, en este año, he conseguido volver a sacar al sebas que conociste, a ese que ante una flor ve la magia de la vida, a ese sebas que mira absorto por horas a un niño jugar, a ese sebas que vuelve a tener sentimientos, deseos, ganas de vivir. A ese sebas que vive por y para los demás y que solo desea dar para ser feliz. He conocido a personas que sin conocerme, tan solo a través de un teclado, y que quizás sin ver nuestros rostros me han dado ánimos, he conocido a personas de buen corazón, he visto la nieve a mi alrededor cayendo mientras paseaba y daba gracias a la divinidad. He vivido alegrías en el trabajo, he vivido también tristezas en él, he vivido… en solo un año, quizás mas que en 45.
He vuelto a conocer el amor, he vuelto a tener ilusiones y ganas de vivir. Las tengo, las tengo presentes cada día. He vuelto a ver el circo del sol. He vuelto al sebas del año 1992, cuando era YO.
Lamento haber decidido tomar el camino largo para mi futuro, pero no deseaba ser un temporero en un país que me da oportunidades para reactivar mi vida. Tenia y tengo unos proyectos de futuro, ver a mi hija crecer en estas tierras, en este mundo de oportunidades. Traía planes para tres, ahora solo los tengo para dos, y espero que el tiempo pase lento pero sin pausas, para que algún día mi hija pueda venir conmigo.
Me he vuelto a enamorar, quizás no habría de haberlo hecho, pero el destino lo ha querido así. Aunque aun hay que hablar largo y tendido de ese tema. Espero no equivocarme.
   Ahora reapareces en mi vida, me vuelves a llenar de ilusiones, de metas a conseguir. No podría fallarte por segunda vez, pero he de luchar para que tu vida, vuestras vidas sean felices. Me siento culpable en cierto modo de lo que te ha ocurrido en este tiempo de silencio. Me siento culpable de tu situación, por lo cual deseo darte mi mano para que salgas de donde estas metida. Aunque ello me lleve a romper ciertos momentos de felicidad.
No te olvidé en estos casi 9 años, nuestro contacto fue mínimo, tan solo para hacerme participe del nacimiento de tu retoño. Después, he descubierto tus vivencias, tus momentos de aflicción, tus sentimientos, aunque tú  desees ocultarlos tras un amor falso.
Quiero tenderte mi mano, para que ambos salgáis de ese infierno que estáis viviendo, sobre todo por mi sentimiento de culpabilidad.
Gracias Ana Cardina, tu felicidad también eres parte de mis metas a conseguir.
Nunca olvides mi palabra mágica. ALEGRIA.