lunes, 3 de noviembre de 2014

La nota.


Dejo escrita una nota por si se te ocurre venir. La dejo sobre el banco de madera, no se me ocurrió mejor manera de saber el tiempo que tardaras.
 
La dejo en el banco que hay bajo el caduco árbol, que con la caída de sus hojas, marca los otoños de mi corazón. Espero que pronta llegue la primavera, no solo por la frondosidad del árbol, sino por los latidos de mi corazón.
 
Por si te pierdes en el camino, está 50 pasos más abajo del árbol rojo, ese tan hermoso que sus hojas me hacen soñar. Soñar momentos de nueva felicidad.
 

 
Justo al lado de la casa de verdes ventanas. Verde de esperanza de poder volverte a besar. No lo dudes eres tú, fuiste tú y nadie más.
 
 
Rojas maderas soportan los muros, como roja es la sangre que por mis venas corre. Alterada al pronunciar tu nombre, casi siempre en la soledad de las noches de niebla, de soledad compartida con la luna y las pocas estrellas de este cielo.
Blancos de cal, son sus muros. Blanco color de Paz. Casi tanta como siente mi corazón, cuando en secreto contigo llega mi mente a soñar. Mi boca pronuncia tu nombre en las largas noches de invierno, en las largas jornadas de verano, en mi descanso, en mi cansancio y en mis momentos de tranquilidad.
Dejo la nota en ese banco, para saber el tiempo que vas a tardar, en venir a recogerla y volverte a besar.

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